Ésta es la casa de nadie, un rayo de tinta de embuste perdido en el espacio.

lunes, febrero 13

Two Girls Sharing a Guy: XXVIII Microrrelato Erótico Nuestra Señora de las Infidelidades

Por Santiago González Especial para Estruendomudo Llevo seis años casado. Sí, son seis, y ya empecé a fantasear con un FFM o, en buen castellano: threesome (¿6 ÷ 2 = 3?). Algunos de mis amigos dicen que es completamente normal, otros señalan como posible mala influencia mi obsesivo chateo diario con muchachas asiáticas y esas recurrentes terapias en grupo que suelo frecuentar, para aliviar un viejo mal del pecho. Incluso, hay quien atribuye cierta responsabilidad a mi excesivo merodeo por The Hun’s Yellow Pages y Tiava.com. ¿Qué pienso yo?, la verdad, no estoy muy seguro. No es tan sencillo, como verán, yo me considero un tipo normal: yo hago mis clases, pago mis cuentas, visito al dentista con regularidad, vigilo con suma disciplina mi nueva dieta. Lo cierto es que todo esto me resulta cada vez más adictivo que el ron con Coca Cola y la Panadol PM. Ellas se miran, se presienten, se rozan, se tantean, se calibran el tacto y el porciento de aliento en los espejos ciegos. Él las contempla y las contempla: las sigue contemplando… Ellas dejan caer, junto con sus prendas, el pudor y el recato. Él advierte su ropa interior, demasiado estrecha. Enajenadas del mundo, en su burbuja de saliva macerada, ellas multiplican sus lenguas, sus peces y sus manos. Un olor “a pan angelical” impregna todas las moléculas del aire, las cortinas rojas, la alfombra persa, las febriles sábanas. Él, ya no resiste más… “¡¿Pero qué carajos haces?! ¡¿Cómo es posible…?! ¡Eres un sucio… un jodío enfermo, un maldito hijo de puta degenerado!” Esa que salió corriendo, histérica y llorando, era mi esposa. Bueno, esto tomará algún tiempo y, como imaginarán, tendré yo que resolverlo, solo, por supuesto… ⌘Q.

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