Ésta es la casa de nadie, un rayo de tinta de embuste perdido en el espacio.

lunes, febrero 13

Siete vidas II: XXVII Microrrelato Erótico Nuestra Señora de las Infidelidades

Por Gloria Carrasquillo Padró Especial para Estruendomudo Esa tarde, la de un hermoso y tibio día de primavera, el Michu se acercó con paso sigiloso al cuarto con dos puertas ubicado en el mismo centro de la casa. Su mirar verde-jade acompasado se posó en una escena que era muy parecida a la de la pecera donde todavía navegaba el único pez beta. Allí, en el mismo centro de la alcoba matrimonial, dos cuerpos sudorosos se movían como en cámara lenta de película heteropornográfica. De fondo sonaba una música divina, Killing Me Softly, del Romantic Guitar Instrumental Collection, Best of Time Life, propiedad de la Señora. ¡Conque mi querida señora ahora es la protagonista de la película! Bien, bien, requetebien. ¡Si la viera el jodedor Señor en estos momentos! Ella está estupenda, vestida sólo con corta camiseta azul celeste, sin mangas. El, nada menos que el chofer de taxi que la ha acompañado últimamente. Cómo se revuelcan en el último y enorme matress que han dejado tirado en el piso de lozas rojas con vetitas blancas -de ésas que se usaron en las construcciones de cientos de las santurcinas casas urbanas- la carne morena de mi Señora ex-sufrida sobre la carne nívea del jovial y potente chofer. ¡Oh!, pero si el Señor de la casa la viera en estos momentos: sudorocita, encendidita como gata en celo y trepadita en el mismísimo central front de ese grandullón jinete blanco que le dice al oído: "Mami, qué rica estás; ¿qué quieres que te haga?..." Todo eso pregunta mientras tira de su larga y riza cabellera negra. Y ella..., sin desparpajo y muy melosa, le contesta: "¡Ay papi! Me aso, pero pásame esas manos por la espalda, que está como rocío mañanero sobre zinc de casa de campo y, otra cosa, papi, espérame, que estoy por derramarme como lava de volcán en errupción". El Michu, que no había pestañado ante la escena, se pasó la patita izquierda sobre sus largos y potentes bigotes y dijo para sus adentros: "Qué forma de despedirse de esta casa tiene mi condenada Señora. Bravo, bravísimo. ¡Valió la pena el desahucio!
Gloria Carrasquillo Padró reside en El Bronx, New York. En estos días decidió emprender la redacción de "Cuentos del exilio", una colección de relatos donde ficcionaliza sus observaciones sobre el movimiento absurdo y duro de los inmigrantes de la Babel de Hierro.

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