Ésta es la casa de nadie, un rayo de tinta de embuste perdido en el espacio.

sábado, febrero 26

Oración a San Miguel Arcángel y maldición de Tut contra el mal de ojo de un hacker

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino podera Satanás y a los otros espíritus malignosque andan dispersos por el mundopara la perdición de las almas. Amén.

Maldición eterna del Rey Tut al Príncipe de los Hackers:
Que se te doble el tobillo,
que te salgan barros en la nariz,
que te perforen los intestinos las lombrices
que pierdas la memoria de tu hogar
que no puedas controlar el pis
que se te trabe la lengua,
ángel caído que vienes aquí;
tú mismo,
hacker infeliz

Un hacker y par de nerdos en la Biblioteca General José M. Lázaro

Una vez hackearon la memoria de la máquina que lleva los libros del departamento de adquisiciones de la Biblioteca José M. Lázaro a las salitas correspondientes. Cuando una entra al depósito, para llegar hasta el cubículo del paciente funcionario encargado de los Préstamos Internacionales, se da cuenta del desastre. El esqueleto de la máquina está allí expuesto a merced del proceso de oxidación que hace tiempo carcome los metales. Sin embargo, el roto traspasa los seis pisos del edificio enfermo y se han organizado visitas guiadas para que los estudiantes de arquitectura observen el varillaje que sobresale del cemento. Los de Naturales dicen que la culpa de todo la tuvo un indio Cherokee farsante, un demiurgo presentao devorador de papeles de periódico. Los juristas señalan en opiniones supremas que se trata de un foro público mutilado, que debe ser reconfigurado reimpresión digital para que continúe la subsunción real capitalista. Todo es mentira, dicen las nerdas sirenas a cuatro ojos, la máquina de la Lázaro no patinaba, no la hackearon na y nosotras seguiremos humillando a los nativos ignorantes; distribuyendo La Atalaya casa por casa. Habrá que agradecerles el jalón de orejas, la implantación del chip Dol-Rigor con desperfectos a los maestros UPR, y declararse jodidodiplomadoautodidacta.

Una foto de la Biblioteca General de la Universidad de Puerto Rico puede ayudar a la desorientación del ojo vizco: http://upracd.upr.clu.edu:9090/fotos/lazaro.jpg

jueves, febrero 24

Chica pinta entraña enchaquetada

Claudette City, Balcón del Mar. -Pasé la página y me topé con una entraña musculosa dibujada, un acto de amor que me regalaba de un brochazo la pintora. Decirlo hoy, ya todo es política y reproches, así que banal se queda; bien museo conmemorativo de memoria. Otro intento: Quizo que fuera vegetal carnívoro, como las flores espinosas. Me lo confesó, y luché contra su fanatismo parcializado hacia marcianos, que son carne de rosas y raíces de cordero; un mejunje de plomo con madera y tintes esperanza. Pero desde que salió por tv, en vivo y a todo color, emitida desde el Monumento al Jíbaro con Pantojas y Osvaldo Ríos, Chona, La Puerca Asesina, tengo perdida esa apuesta de atrasada. ¿Cúando se hizo tan difícil reconocer la belleza que despide la portada, su pintura, el poder decírcelo sin hipotecarnos el futuro profesional de ambas? Por último: Pana, ¿cuánto cuesta una cosa de ésas, por ejemplo, ésa que tienes exhibida ahí. Esa misma entraña enchaquetada?

"Las llamo 'entrañas' pues intento hacer metáforas orgánico-sensoriales a través de las formas dibujadas, las cuales hacen referencia a formas un poco viscerales pero también encontradas en otros ejemplos de cosas vivas, como la botánica. Son un tipo de anotación de sensaciones a través de estas formas orgánicas", dice para una revista local la chica que pinta entraña enchaquetada.

El salmón y la corriente, otra cosa

San Juan, Puerto Rico. -Me aclara una amiga del alma que lo que pasó fue que nosotros nos quedamos solos. (Puede parecer una cursilería retro hacia el gran tema de la S., y lo es). Entonces, que cuando todos los demás regresaron de allá afuera, pues que ya nuestro lenguaje íntimo excluyente aquí estaba. Fofé dice que una cosa es ser salmón y nadar es otra cosa.

miércoles, febrero 23

Remix de la buena yerba (versión a cuatro manos con j.a. bonilla)

Cuentan que se reunieron encima de la mitad de un platillo volador, justo por la que se ve la rendija de la luna nueva. Era en la capital, protegida por San Juan y arropada por la Niebla? Encendían sus paladares secos con el resultado del amor a la yerba buena, y celebraban. Cantaba el grupo de reggae boricuo-internacional, Cultura Profética. Pero cuando eso se escuchó a lo lejos, cuando el platillo aterrizó,...

...entonces tocamos la Tierra, la palpamos bien, y nos dimos cuenta que no protegía un carajo, que desde acá la luna realmente no apetece y que es bien difícil que se pueda comer con melao, que está, por lo general, cubierta de cemento y que los oasis verdes que se ven desde acá parecen spa virtuales proyectados en la pantalla gris de la imaginación de la imaginación de la imaginación, ese eco que desaparece, caminamos un poquito y sentimos los arañazos de la brea hurgándonos la piel, escarbando las rendijas que la Historia había cubierto, vimos bien lejos el platillo, esa aureola dorada por la que había salido el dedo de Dios, y nos dimos cuenta que el oxono había abierto un hueco por donde perdimos ese resplandor ovalado por donde descendimos, subimos algunas montañas y poco a poco fuimos perdiendo la respiración, nos fue agobiando la distancia y vimos con nostalgia aquel valle en tinieblas, de espesa niebla y densificada seducción, que nos llamaba desde lo hondo del abismo, doblegamos al monte y acampamos en laderas inagotables para no tener que vivir demasiado en la ciudad, para no tener que necesitarla más de lo necesario y para así poder construir pequeñas fortificaciones que nos alejaran y protegieran de las sombras que bajaban de la montaña, o de las emanaciones putrefactas de esa Tierra que tal vez no palpamos muy bien, llegamos al fin de un camino sucio y pedregoso, cubierto de cadáveres picoteados por los buitres, castigados por un sol inclemente, diezmados, pero todavía unidos y fuertes, a una isla desierta y moribunda que al menos podíamos llamar hogar... en el centro remoto de una playa solitaria vimos una caverna encendida, un enorme hueco que disparaba sombras en el amanercer y las proyectaba sobre nosotros, que impávidos avanzábamos hacia la fuente. Una vez dentro de la cueva vimos un pequeño altar de velas y a un niño llorando a los pies de su madre muerta. (j.a. bonilla) *Foto del flamingo arrebatado en el Viejo San Juan de Mara Pastor.

domingo, febrero 20

La buena yerba de Cultura Profética

Cuentan que se reunieron encima de la mitad de un platillo volador, justo por la que se ve la rendija de la luna nueva. Era en la capital, protegida por San Juan y arropada por la Niebla? Encendían sus paladares secos con el resultado del amor a la yerba buena, y celebraban. Cantaba el grupo de reggae boricuo-internacional, Cultura Profética. Pero cuando eso se escuchó a lo lejos, cuando el platillo aterrizó,...

jueves, febrero 17

El rímel tiene la culpa de los pugilatos o apreciación new age de las mierdas de la vida

Una reacción violenta del otro puede dasarmar al uno hasta el punto de tornarlo inútil por un instante. Esto conduce a la conclusión inevitable de la fragilidad del uno, esa cosa transitoria tantas veces reinventada a imagen y semejanza del deseo del otro que el uno quiere atrapar pero que siempre se le escapa. Entonces la respuesta puede convertirse en garrote hecho palabras malas. Hablo de un cantazo en plena nuca lanzado con el rabo del ojo, que se arma de valor para la batalla campal, pero que pronto regresa vulnerable a su condición de base de pestaña chamuscada. Insisto en que la culpa la tiene esa manía de pintarse el área lineal que separa la carne moribunda de la vista futurista ilusa con un lápiz orgánico. Al fin y al cabo, resulta que el rímel, madero entintado de la vanidad, después de los jadeos espasmódicos del encontronazo semiapocalíptico, es ahora el acusado. Así es que se evade la responsabilidad personal de la culpa que -como ha dicho el cursi poeta uruguayo Mario Benedetti- siempre es del uno cuando no enamora. Vendrán entonces las razgaduras de velos, los mea culpas, y -según recomiendan los psicólogos new age con complejo de predicadores evangélicos- pues irán llegando poco a poco los fáciles perdones. Hay gente que no es así, eso me consta. Esos otros, según la taxonomía de la Escuela de Tijuna son como cactus, flores del desierto que sobreviven sin agua; sólo con gotas de sal reducidas a moléculas envidiosas de escarcha. Esos, como hincan por predeterminación vocacional terrible y errada, están hincados, se sabe, más no doblan rodillas por miedo a desbocarse. Han jurado permanecer estoicos ante el descalabro y simulan no marearse aunque tienen el oído enfermo de Parkinson, señor de las tinieblas sanjuaneras y el desbalance. No hay sermón que logre curarlos de paternalismo, generalizado a través de las agujas envenenadas. Tienen algo de sidosos en remisión hospitalizados en el Centro de Latinoamericano de Enfermedades de Transmisión Sexual (CLETS), con sede en Puerto Nuevo. Están ahí puestos para hincar sustancias extraídas con agujas infectadas con el virus aquella mañana para que nadie pueda usarlos como banquillo eclesiástico donde poder hincarse. Hoy es jueves eucarístico-carismático. Hubo un llamado no respaldado a la exhibición procesional del Santísimo Sacramento Consagrado. ¿Qué pasó?, ¿cuál fue el resultado? No me es lícito revelar mis fuentes periodísticas en este momento de tribulación, pero sí les puedo brindar mi apreciación de los hechos ahora cuestionados. Esta es la pena de muerte de la comunicación pepto bismol rosado (gracias por la imagen al pseudohomofóbico escritor CJ García). Un collar de perros extraviado de su portador y con chapa mutilada donde no puede leerse el nombre del can ni las señas de su amo. Esta vez el dueño desespera, el perdido es él: su mascota está disfrutando de lo lindo haciendo la pasarela de la calle. "Hay más perras realengas. Qué pendejo, yo que era puta también antes de ser operadora telegáfica, y de todo eso renegaba", dice en un ladrido imperceptible el muy malvado.

martes, febrero 15

Compensaciones y gravámenes para cancelar los días quince

Podría ser el diario de un fumador que pesa 200 libras, que ya no siente la diferencia entre sus pulmomes y la panza que lo domina; una criatura de Dr. Weigth Loss Center a quien las grasas monosodio glutamate del Star Cream China Restaurant se le confunden con bocanadas de nicotina amarilla-entintada. También, como todo está nublado, puede ser la libreta de apuntes de una estudiante de derecho romano; una air head blonde -legally blonde- que repite como el papagallo todo lo que han dicho anteriormente los profesores tratadistas catalanes. Sin embargo, me temo que mi investigación apunta a que se trata de un macharrán peludo con ganas de desahogar chorros de semen contenidos sobre la página una vez sale de los portales de porno gratuito (www.sublimedirectory.com) sin causa próxima a su desaire. Pero, como hasta mi despacho en el edificio Darligton Río Piedras, donde atiendo sólo asuntos de consultoría tecnocientífica con especialidad en microrrepujadoras, sólo llega una corazonada mal latida, pues rectifico: es el cuaderno -tengo a mi disposición morbosa el cuaderno- de un nenito lindo. Ante mí desfilan ciertas hojas garabateadas con el rico sudor de un zurdo de cinco piez diez pulgadas, mirada seductora y ojos de salamandra, que me hostigan suavemente con el propósito perverso de desencajarme hasta el fondo vacío de la negrura trasnochada. El nenito no sabe expresar dolor, su voz destila libretos dulces autografiados con besos rojos Elizabeth Arden en el margen del expediente posesorio que me alcanza a nivel contacto lujuria tercer tipo para ver si firmo, tropiezo con su axila y caigo. El nenito, repito, perrea. Debajo del mahón DKNY aguardan las sorpresas, que se dejan para la exhibición postmedianoche en la hora cumbre de la apoteosis de la disco. Le crece, se hincha, se pone tabla al ritmo de Don Omar, divo negro con gorra blanca, que invade la pista de Eros The Club cada miércoles que soy tuyo transmutado en lírica metralleta en el instante en que le piden los demás que lo rodean un certero dame duro / con cuidado / pero no me des más na, / que me duele la popola... Versión vulgata a parte, al nenito zurdo le da con mostrar tatuaje en brazo izquierdo, lamer mollero con mollero, meterse cuatro palos de cantazo, sacarse un grito; un tírate al medio, cabroncito con espejuelos de pasta, ahora, que está bueno ya de tanto rebuleo. Aún así, convencido de la contundente erección que me provoca su recuerdo, me late que estoy equivocado. A veces pienso que nada de eso llegó a concretizarse, que realmente choqué con la correspondencia íntima de una matrona enchaquetada. Cheka: empleada pública, Mamushka, una excelente oficial jurídico del Tribunal de Última Instancia, secretaria glorificada. Esa sí que fue una colisión arrolladora, un traspaso de licencias en el Departamento de Obras Públicas, algo húmedo (como el Santo Sudario de Torino) que se colocó entre ella, yo y el manojo de nervios azules contenidos en letra cursiva, bien ordenada hacia arriba y hacia abajo, que -mientras tanto, al fondo del precipicio de una mestruación entrecortada y fuera de calendario- esperaba el reconocimiento del jefe de la sección de inspecciones automovilísticas y el cheque del día quince en un sobre manila petite con leyenda remitente que leía: En caso de pérdida, favor de devolver a Mala y Pico, mejor conocida en los pasillos de Minillas y los antros sanjuaneros como Ambigua Desquiciada. (Ilustración de Luis Miguel Valdés)

lunes, febrero 14

Credo latino custodiado por San Miguel Arcángel

Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem, factorem caeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium. Et in unum Dominum Iesum Christum, Filium Dei unigenitum et ex Patre natum ante omnia saecula. Deum de Deo, Lumen de lumine, Deum verum de Deo vero. Genitum, non factum, consubstantialem Patri, per quem omnia facta sunt. Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem, factorem caeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium.

Crónica de una tarde de sushi en NY

YOUR TABLE IS READY by JOHN KENNEY The New Yorker Shouts & Murmurs http://www.newyorker.com/shouts/content/ You do not seize control at Masa. You surrender it. You pay to be putty. And you pay dearly. . . . Lunch or dinner for two can easily exceed $1,000. —From the Times’ review of Masa, a sushi restaurant that was given four stars. Am I very rich? Since you ask, I will tell you. Yes, I am. I happen to be one of the more successful freelance poets in New York. The point being, I eat where I like. And I like sushi. As does my wife, Babette. Unfortunately, we were running late. This worried me. I had been trying to get a reservation at Masa since 1987, seventeen years before it opened, as I knew that one of the prerequisites of dining there was a knowledge of the future. I also knew of the restaurant’s strict “on-time” policy. Babette and I arrived exactly one minute and twenty-four seconds late. We know this because of the Swiss Atomic clock that diners see upon arrival at Masa. The maître d’ did not look happy. And so we were asked, in Japanese, to remove our clothes, in separate dressing cabins, and don simple white robes with Japanese writing on the back that, we soon found out, translated as “We were late. We didn’t respect the time of others.” Babette’s feet were bound. I was forced to wear shoes that were two sizes too small. The point being, tardiness is not accepted at Masa. (Nor, frankly, should it be.) The headwaiter then greeted us by slapping me in the face and telling Babette that she looked heavy, also in Japanese. (No English is spoken in the restaurant. Translators are available for hire for three hundred and twenty-five dollars per hour. We opted for one.) And so it was that Babette, Aki, and I were led to our table, one of only seven in the restaurant, two of which are always reserved—one for former Canadian Prime Minister Pierre Trudeau, who died five years ago, and the other for the actress and singer Claudine Longet, who accidentally shot and killed her boyfriend, the skier Spider Sabich, in 1976. There are no windows in Masa. The light is soft, and, except for the tinkling of a miniature waterfall and the piped-in sound of an airplane losing altitude at a rapid rate, the place is silent. We sat on hemp pillows, as chairs cost extra and we were not offered any, owing to our tardiness. Thirty-five minutes later, we met our wait staff: nine people, including two Buddhist monks, whose job it is to supervise your meal, realign your chakras, and, if you wish, teach you to play the oboe. Introductions and small talk—as translated by Aki (which, we later learned, means “Autumn”)—lasted twenty minutes. I was then slapped again, though I’m not sure why. Before any food can be ordered at Masa, one is required to choose from an extensive water menu (there is no tap water at the restaurant). With Aki’s help, we selected an exceptional bottle of high-sodium Polish sparkling water known for its subtle magnesium aftertaste (a taste I admit to missing completely). Henna tattoos were then applied to the bases of our spines. Mine depicted a donkey, Babette’s a dwarf with unusually large genitals. Then it was time to order—or to be told what we were having, as there is no menu. Babette and I had been looking forward to trying an inside-out California roll and perhaps some yellowtail. Not so this night. I was brought the white-rice appetizer and Babette was brought nothing. Aki said this was not uncommon, and then told us a story about his brother, Akihiko (“Bright Boy”), who has, from the sound of it, a rather successful motor-home business outside Kyoto. I noticed another guest a few tables away being forced to do pushups while the wait staff critiqued his wife’s outfit. Aki saw me looking at them and translated the words on the back of their robes: “We were twenty minutes late. We are bad.” It was then that our entrées arrived and we realized why this restaurant is so special. Before us were bay scallops, yellow clams, red clams, and exotic needlefish, all lightly dusted with crushed purple shiso leaves. Unfortunately, none of these dishes was for us. They were for the wait staff, who enjoyed them with great gusto while standing beside our table. They nodded and smiled, telling us, through Aki, how good it all tasted. Aki told us that this was very common at fine Japanese restaurants and urged us to be on time in the future, even though he said we would never be allowed on the premises again. He then gave us a brochure for a motor home. Babette and I were strongly advised to order more water. For dessert, I ordered nothing, as I was offered nothing. Babette was given a whole fatty red tuna wrapped in seaweed, served atop a bowl of crushed ice and garnished with a sign reading, “Happy Anniversary, Barbara” (sic). Our bill came to eight hundred and thirty-nine dollars. Aki said we were lucky to get out for so little and then begged us to take him with us when we left. We caught a cab and got three seats at the bar at Union Square Café.

domingo, febrero 13

Conspiración en Il Piccolo Posto

-¿Pudieron cumplir el encargo? -Bueno…, cumplir..., lo que se llama cumplir… -¿Qué pasó, hubo problemas? -Chica, Roberto se rajó en pleno proceso. -¿Cómo que se rajó? ¿Será pendejo? -Le entró el nerviosimo y se puso a decir disparates delante de Arnaldo. -Pero cómo va a ser, Roberto está entrenado para bregar con eso. -Sí, pero esta vez era diferente, la loca lo reconoció por el porte. -Tú estás insinuando que Roberto… -Yo lo que te digo es que el marica lo conocía de antes. -Pero, ¿de dónde? -Oye, te cuento ahora, ¿quieres Chianti o Ribera del Duero? -Ribera del Duero. -... -Es que me gusta llevarles la contraria a los italianos.

La difunta Susan Sontag, en la novela En América, agrega: "Yo sabía que en la fiesta tenía que haber cierto número de aventuras románticas y de adulterios, como sucede en toda sala llena de personas ataviadas con estilos airosos y atractivos que son amigos, colegas, parientes. Pero esto, aunque es precisamente lo que una espera cuando se dispone a escribir un relato de una mujer y un hombre, o una mujer y dos hombres, no era lo que esa noche causaba la agitación de los invitados".
Il Piccolo Posto es un restaurante italiano ubicado en la colindancia de San Juan, Guaynabo y Bayamón (suburbio de Caparra) que sirve como comedor chic de la burguesía criolla. Las conversaciones son exquisitas, e impredecibles las conspiraciones... (Ilustración de Roberto Saban)
"La violencia en Caparra es otra cosa". (Guillermo Rebollo Gil, Teoría de conspiración, inédito)

sábado, febrero 12

El cangrejo azul

En un periódico insular, mal llamado "El mundo", apareció este fragmento de crónica poética en forma de acertijo del profesor de lógica y cálculo José María Lima. La fecha: 27 de febrero de 1960.

El cangrejo azul sostenía a la luna, la luna servía de sostén a mis pensamientos y sobre mis pensamientos, flotantes, pero trágicamente definidos, tres puntos rojos; un incendio, el tibio despertar de un sueño. El primero seguía al segundo y el segundo al tercero, todos eran uno y cuando parecían más evidentes no hubiera podido decirse si eran un mundo o la prolongación de los ojos del cangrejo azul.

Si se hincharan hasta reventar estos tres puntos no habría cangrejo, pero sin éste último ya no habría puntos, ni pensamientos, ni luna.

No sé si lo veo salir de la bahía esta tarde sabatina. Tengo dudas. Y es que hay una sucesión de luces en ondas de partículas de plata que me impide ver la certeza movimiento de sus patas azuladas. Es un juey, pero puede ser un crucero lleno de turistas o un pez de agua salada.

Reordenar la justicia interior

¿Dónde está el diario de aquella adolescente que parecía ya haber aprendido que escribir era la vida? Que se escribía no sólo para contar sino para entender; que contar era de alguna manera reordenar la justicia interior, ajustarle cuentas, purificar. (Paco Ignacio Taibo II en "Arcángeles: Doce historias de revolucionarios herejes del siglo XX).

viernes, febrero 11

Nunca será él mismo: Central Park

Primero me monté en un taxi con Celina hasta Nuestro Teatro santurcino para ver la obra teatral “Papo llegó de Nueva York”, de Carlos Ferrari. Después, caminé con ella frío Central Park, indiscretos viperinos ambos, cruzando las siete mil puertas color azafrán molido que instalaron allí, febrero-12-2005, Christo y Jeanne Claude, antes de embalsamarse ellos mismos arte y revolución como momias sesentosas. Nos parecían banderas del imperio mongol, imagen recurrente de nuestra niñez paralela, que ahora regresaba en forma de nostalgia de leche de cabra cortada con Rinso para ahogar en alcohol de lácteo sustituto las memorias glass de las penas, mejor conocidas en el argot yuppie como la adultez reciente. Lo divisamos desde la ventana del Guggenheim: un enorme gusano de seda anaranjado, interrumpiendo el paso de los estudiantes en busca de grado doctoral en el extranjero para satisfacer las presiones papi, mami y nuestros hermanos egos del espejo; hijos libres y asociados del estado. Allá van los burguesitos libertarios en arrabato de velas, ahora de tela sonrojada girasol, se los lleva el viento invernal de la tecnópolis a la que le hemos entregado el pagaré hipotecario de la baba solidificada (territorio de nuestros contactos académicos) que -en teoría- nos gustaría limpiarnos o adornar con saliva corrosión de los archivos posmodernos. Tranquila, sólo es un camino, dije tipo biónico en cámara lenta. Son selvas controladas por el peso de nuestra inutilidad conjunta, que es el residuo sucio de la nieve, dijo ella. Son los cristales reflectores de los treinta pisos que nos unen condominio en carta zodiacal hecha a golpes de centella y salpicaduras humanistas fustré de agua y aire: octubre y febrero, los dos meses que nos prometimos aquél día y no cumplimos. Luego vino la lectura de Calvino en aquel banco y después el aguafiestas del Gran Khan Arágnido, fantasma de billares sanjuaneros, que nos ofrecía Pretzels insalubres y hongos negros al contado. Y se alzó el chorro estalactita de la fuente Las Américas, que sobresale de la concha acústica de las distancias que nos inventamos por teléfono para reconocer en medio del tapiz de los franceses algún seto que no fuera peligroso o movedizo; prácticamente una letrina de cariño alquilada para la inauguración del Proyecto de arte público Más Grande del Mundo demostrado al mismo centro. Never mind, yo voy a proveerles a las autoridades de la Oficina de Parques Nacionales, a Jorge Santini Doña Fela Michael Bloomeberg, las maquetas de nuestra bellaca relación con la ciudad, unas cuantas hojas secas que les arrebataste a los empleados de mantenimiento, un café expresso derramado, cuatro adoquines viejos que son brújula hasta dónde de premios y desequilibrios contractuales con mi cuerpo el tuyo y el de alguna que otra Pepa. Me quedo con la palanca atorada de la transmisión esvielada de tus autos ahora que bajamos al subway con la misma pinga del vecino colorao en mente. Pon el ticket alante para que nadie se maree con los cantazos de la máquina plateada, que la devuelvo luego de la transfiguración de los atorrantes choferes. No puedo arreglarla de inmediato, pero la conecto artificialmente en el jardín del zoológico del MoMa. Van Gogh es Changó que en la plaza de la universitas riopedrense sana y salva. Si me la pides, tecata de Andy Warhol Warehouse, y con tu voz de trueno 9-11 la conviertes en un chip desimantado, quizás en una llave de mercurio rojo temperamental que la salde, entonces te la regreso cuando termine la contemplación y empiece el próximo ejercicio de respiración artificial propiciatorio del siguiente mountain climbing en pareja tú y yo, querida, y con los dueños del circo. Prepara el lío y la chaveta con la manteca que nos une, que nos vamos a hacer hiking.

Notas sobre la ceniza (de j.a. bonilla)

El amigo escritor j.a. bonilla recibe un e-mail telefónico en el tapón del Viejo San Juan, se embadurna en la ceniza de un post anterior, "Ash Wednesday", y responde:
Acá el catolicismo es un badtrip en la (in)conciencia esclerotizada; la mancha de la derrota en la frente de los vencidos. Casi tengo ganas de mirar con ternura, de apostar por un papa decadente, por un cristianismo holográfico proyectado en las tetas de adolescentes inocentes, prístinas como el agua bendita. La caricia traicionera de la esperanza, ese dulce adormecimiento de los días, el polvo en el escritorio, la convocatoria de las paredes, la brisa en el jardín de Casa Blanca, este ICP tan lleno de gracia, todo ahí de antemano, esperándome tanto que un día no había agua y sembré un mojón en las flores. Un instante Jean Genet que me dejó el esfínter palpitándome de alegría. Este miércoles pasado, tan solemne, recordé ese momento de mi biografía anal; alguien debería sentarse a escribir algo sobre la relación entre el catolicismo y el culo. Polvo eres y en polvo te habrás de convertir. No por nada una de las ramas más importantes de la teología es la escatología. Todo es un elaborado silogismo del estercolero. ¡Pobre Cristo que tiene a los protestantes como únicos representantes de la subjetividad moral! Casi se me ocurre llorar para que los compañeros evangélicos se crean que mi alma guarda el eco de la fe. La irrelevancia es la única aspiración legítima. Es fascinante que recibamos al senador Rosselló el primer domingo de Cuaresma, un signo de los tiempos, de los últimos tiempos. En el futuro los profetas brotarán de las grietas de las piedras y el cristianismo será una pastilla que pediremos por la red para acompañar nuestra dosis de Prozac y Ritalin.

jueves, febrero 10

The Thursday After

El amigo epistolar en los tiempos del e-mail, Félix Jiménez (autor de los libros de crítica cultural "Vieques y la prensa" y "Las prácticas de la carne", 2004), contesta el post anterior, "Ash Wednesday".
En la ruta hacia el matorral conocido, el sudor se hacía polvo hacia la bemba que no probaba bemba el miércoles por su meticulosa prohibición a los rosados que delataban poco ardor, y solamente se prendía en fuego ante las rojas bembas rojas, los coloraos protuberantes que prometían sangre con espinas y cruces con clavos, y al llegar encontraba siempre esos miércoles las cuarenta razones que le imponían con la sutilidad de un cruzacalles la fiesta porosa, la patronal de la carne hasta el sábado inmenso de su gloria. Allí los sementales con calcomanías de niños en sus suvs se internaban para gozarse hasta el cabo lo que las matronas les negaban tras los cristales. Aquí todo se iba a romper, por fin. Para el bien de los demás, se dio, cedió. Cada estocada se dibujaba en el escaparate del fuego. "Nunca he estado en Amsterdam", pensó, pero pensó también que debe ser así, aunque sin fuego ni insectos ni inocecias, y con mucho menos pelo en pecho.

miércoles, febrero 9

Ash Wednesday

“Bordeó el corazón la razón con unos besos de ron y miel”, cantó la española Bebe encapsulada en un Toyota Eco blanco con aire flamenco, motivo suficiente para no arrepentirse de nada antes de cruzarse la frente con ceniza de palma chamuscada, excepto de las miles de veces que no bebí (pegar la boca en la fuente dicen los chamacos de la Escuela Intermedia Juan Ponce de León en Juan Domingo de Guaynabo) de sus bembas chulas por miedo al contagio de la vilarcia, enfermedad de la vaca loca del siglo XIX que liquidó a Vicente Carrasquillo, abuelo rumiante de la locura y malas trampas contra extraterresteres instaladas con carnadas de criptonita disimulada entre los helechos gigantes del monte de Yuquiyú, colindancia inscrita en el Registro de la Propiedad hacia el barrio bosque tropical de mi infancia. Tampoco se pide perdón en febrero por la crisis que aturde al ser después de saltar las fogatas de la Candelaria. Mucho menos por las horas perdidas observando la descomposición de la carne en las neveras de supermercado los viernes de Cuaresma. “No hard feelings” relacionados con el complejo ortopédico de enderezar meniscos quebrados. Al carajo la culpa que cincela la mediocridad estándar, la imposibilidad de saltar en jet ski turbo los anillos de Neptuno para llegar al epicentro de la feliz clase social protegida veinticuatro siete por pastores alemanes. Nada de eso, la marca gris que pinta los corazones asesinados de los hijos de Aureliano, el general garciamarquezco, pasa a ser símbolo de la ceremonia sempiterna de acostarse sin lavarse los dientes de leche y permitir que el mal aliento del demonio susurre sueños negros: “Esta noche, cabroncito, pongo en ley de quiebras la venta de tu alma”. Todo a la vez, Lucifer “revolvió su calor con su voz”, según las profecías de Bebe, y el resultado le sirvió como guión de película irlandesa protagonizada por Elijah Woood y Edward Burns, con mafia y persecusión sangrienta, porque, al final, cuando el cura de Saint Patrick’s Cathedral en Manhattan los puso en fila para que salieran de la iglesia extenuados por el tufo a carnaval, o el mismo bacanal carioca versión boricua cruzado con concierto en Hato Rey de Duran Duran, el gángster supremo, Cristo vestido como Subcomandante ojos verdes de fatiga, empuñando güevos metralleta, les recibía con las heridas del pecho; el látigo de su absoluto desprecio moralizante y postmundano. Pasen penitentes, un año jubilar con Papa moribundo. 2005, 365 días de lavatorios del alma con orín de serafines. Paso, señores, porque no soy digno de entrar en ese rancho anti-Marlboro donde van al matadero por igual los vaqueros musculosos y los cuernos nacarados de los toros. Por más invasiones de terreno como aquéllas la Mayra Santos le prende una vela a Adolfina Villanueva. Cuando allá se pase lista, no voy a las bodas del Cordero, Damian, pero al menos desde acá me hinco en tu recuerdo elemental e imploro: “Apocalypse Now, please. Ohhhh my Gooooodness, ¡qué jodido estoy yo y que asco me da el mundo!”.

“Because I do not hope to turn again Because I do not hope Because I do not hope to turn" -T.S. Eliot, Ash Wednesday (Fragment)

domingo, febrero 6

Virgen de la Altagracia hace negocio en el Metropol

José María Lima dice que “// aquí vive una sombra, / aquí vive un recuerdo, / aquí vive un abismo. / pasen, señores, pasen / les aguarda un cadáver / con ojos en la carne, / les espera una tumba / con niños plegadizos acurrucados, / les espera un silencio de túnel / amarrado a un ombligo.//” Lo siento por el espíritu comunista de Lima, que provocaba huelgas en el Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias Naturales cuando explicaba el concepto del infinito en los sesenta, pero mientras almorzaba en el restaurante cubano Metropol, en Isla Verde, confirmé todo eso que dice su poema. La revelación llegó instantáneamente, cuando pasé por la caja registradora a pagar la cuenta. Allí encima, en una tablilla de madera, descansa una vela encendida, la imagen de San Judas Tadeo y un cuadro de Cutty Sark. Sacaba la tarjeta plástica, tarareaba la novena al santo, sentía en la imaginación de la lengua el sabor del guisky barato con agua de coco y recordaba la escena de putero chic que me había tocao presenciar. La barra del Metropol de Isla Verde -a la derecha una vez se pasa el pasillito de entrada- es un santuario de dinosaurios cubanos exiliados en Puerto Rico. Bien vestidos, ataviados con camisas de algodón en colores y pantalones de vestir, estrictamente prohibidos los vulgares mahones, los hombres sexagenarios y septuagenarios que componen este semiexclusivo Mens Club se dan cita entre elegantes botellas para compartir sus derrotas y reconstruir el pasado cabrón mientras ven el juego de temporada; es decir, para hacer lo más que les gusta: sin dudas, cogerse un break de las mujeres y los hijos, sentarse a fumar pitillos tranquilos y hablar mierda una vez más. Repasan supuestas y verdaderas glorias pasadas, se burlan de la muerte entre trago y trago y ven pasar el tiempo sin que caiga Fidel, suprema fantasía de todos ellos, que vienen acá para verse contentos después de apostar a los caballos, confesarse con el barbero y ponerse la guayabera con olor a Paco Rabanne o Chanel. Pero en lo que les toca su turno al bate en el cuadrángulo del cementerio -mientras discuten sobre política local boricua, negocios, mujeres y otras vainas relacionadas con la lotería de Miami- uno de ellos, uno de los miembros más viejos de la Respetable Logia Larga Caravana de Recuerdos de La Habana Posthormonal, come papitas fritas hechas como en casa en una de las mesas de atrás. No está solo, ingiere bocado de croquetas junto a la divina presencia de una puta dominicana a quien llamaremos, sólo por joder a los devotos de la Caridad del Cobre, Virgen de la Altagracia; Bestia Regia Hecha Mujer. Es evidente, la negra del vestidito de espandex amarillo, cuarentona de culo firme, rimbombante, y boquita bien respingá, Virgen de la Altagracia; Bestia Regia Hecha Mujer, ha sido contratada como escolta del señor más afortunado de la barra del comedor oficial -con perdón de los puristas- de la “gusanera” exiliá. Digamos que tenemos en foco a todo un caballero desarrollador de urbanizaciones en terreno inundable de Levittown, que nada en billetes ahora que se terminó la octogésimoquinta sección de Levitthomes, pero que a pesar de los certificados de depósito con tantas cifras y ceros y bonos y acciones y contratos que deja en herencia a sus nietos para la posteridad, se está muriendo irremediablemente solo, porque todos ellos están ocupados con los bisnietos y las lanchas “allá”. Le queda poco al viejo socio del Bankers Club, posiblemente viudo, y, mientras tanto, tiene que aprovechar. La cuestión es que hoy se nos va a atragantar con una papa frita y vamos a tener que observar cómo reacciona la puta, cómo se comportan los fieles meseros de blanco y negro de siempre en este momento traumático, cómo hacemos todos nosotros los machos que los hemos visto cogerse de manos allí, darse un besito de toque en las bembitas allí, el septuagenario y la cuarentona, la Virgen de la Altagracia; Bestia Regia Hecha Mujer, que le dijo al oído al cubano proveedor lo siguiente, que escuché tan pronto me senté en la mesa de al lao: “Los nenes míos te mandan saludos y las gracias por el regalo de la semana pasá”. En pleno ahoguillo el viejo se lleva las manos al cuello. Ésa es la señal universal. La negra se para, y pregunta: “¿Qué es lo que te pasa, papi?”. Cuestiona bajito, porque ella es puta, pero con vergüenza, y tiene muy claro en la mente el mapa social de dónde es que ella está. El viejo se para, dice que eso no es na, se dirige al baño. El mesero fiel le pregunta si todo está bien, el viejo contesta que sí, que fue susto de La Pelona y nada más. La puta, sola en el bar mientras el viejo se recompone, enfrenta las miradas de los demás, que le reclaman con los ojos y los gestos mudos y el mensaje telepático unánime aquél descarado “Oye mamita, si sigues así, poniéndole al viejo el tetaje a disposición tan seguido, nos lo vas a matar”. Todos la quieren para ellos. “Pa mí es que te quiero negrita chula, suelta a ese viejo y vente conmigo pa que veas cómo te pongo a gozar”. Virgen de la Altagracia; Bestia Regia Hecha Mujer, que es puta, pero no pendeja, sabe que en estos bísness hay que hacerse una misma la publicidá. En eso, ella acaba de sacar A. Consta públicamente que lo cuidó y le limpió las babas con sumo cuidado erótico-enfermeril cuando el deber llamaba; en la terrible hora de la adversidá. Uno a uno, par de amigotes del viejo pasa por la mesa a presentar sus respetos y solidaridad. “¿Vaya, asere, to está bien por aquí?”. “Sigue comiendo, muchacho, que lo mejor está por venir”. “Bébete otro Sambuca, que nos vas a durar pa largo, viejo, pero no hagas tanto desarreglo con los tostones, papote, pórtate bien”. La ceremonia del despelote, la de la despedida, me tomó por sorpresa. No me esperaba la apoteosis de la Bella y la Bestia en el Metropol, un ajiaco para empezar el almuerzo lo deseaba pero, eso, jamás. No estábamos en tiempo de carnaval. Ellos sí, ellos estaban loquitos por verla pará, arreglándose el traje amarillo de espandex apretao, recogiendo la cartera de plástico blanco de la mesa y esperando a que el viejo la dejara pasar. “Las damas primero, asere, ella es la única y verdadera, vamos a comérnosla viva juntos mientras la vemos caminar”. Ay Lima, tú que profetizaste (“// aquí vive una sombra, / aquí vive un recuerdo, / aquí vive un abismo. / pasen, señores, pasen / les aguarda un cadáver / con ojos en la carne…”) sin saber de esta puta cuarentona en pasarela de restaurant, ayúdame ahora, que no encuentro forma apropiada de contar el final. La diva de pelo negro alisado, la negra cruzada con sangre taína tantas veces maldita por las mujeres de estos señores feudales con pleitos de reivindicación de las cuerdas expropiadas de Bacardí en las cortes celestiales, venidos a menos en esta tierra ajena al significado Mambí, abandonaba el salón triunfante; serena ahora, pero con posibilidades futuras de crica alborotá. A su paso, llovían tarjetitas de presentación, servilletas con número telefónico, resucitaban vergas flácidas en ese segundo, paralizado por la majestad irresistible, "asere, aquí, con nosotros esta tarde de sábado Metropol Isla Verde, al lado de la Gallera de San Juan, cerca del Hotel Intercontinental, lista para el cockfight imposible: Miss Viagra Natural". "Oh Virgen de la Altagracia; Bestia Regia Hecha Mujer, apiádate de nosotros, el resto de los cubanazos mortales, mañana, cuando se muera el viejo de turno y tengas que volver a escoger. Jurao que te vamos a rendir honores como tú te mereces a pesar de que tenemos promesa con otra, porque somos los hijos de tu madre la gran puta pero por ahora, si te sigues portando bien, no te vamos a deportar.

sábado, febrero 5

Un amante mejor que Jude Law

Regreso al fondo aceitoso del quinqué de casa, una cuevita de vidrio rellena con semillitas rojinegras que no flotarán nunca, como yo, que ando exhibiendo mis mejores galas de ambos lados de la frontera de la maldá. Una empieza en la portada de Magic seeds, la nueva novela de Naipul que ahora devoro, justo al salir del cine de Plaza, donde no pude resistir las ganas de comerme a un actor inglés peludo que se grajeaba disimuladamente con Jude Law, un renacuajo rubio fabricado por Hollywood que lo mismo se eleva con pantaloncitos blancos de jugar golf en la cubierta de un velero en Venecia postoturistal o se anuda la corbata Armani frente al espejo de su desolada perfección. No hay cara más bella. Pero el que me lo para en el carro de vuelta a casa mientras lo pienso dos veces antes de devolver es el otro, un grandulón que no tiene problemas en gritarle a la Julia Robert que le diga la verdá, Closer, porque en el fondo de la botella repleta de peronías negrirrojas lo que se observa es un salvaje macharrán. Dermatólogo al fin, según el guionista, alardea de destripador, ¿cómo es que se dice?; de experto deshollinador de pieles sumisas, que se le van entregando poco a poco en el nacimiento del poro sudoroso para complacer su morbo de tacto Azrael. ¿Quién fuera diablo entonces, ángel caído, un torero venido a menos criatura del Loco afán apodado Pedro Lemebel?

¿Quién pudiera comprar pasaje ahora mismo de San Juan a Londres para meterse debajo de las bombillas de película, más allá de las sábanas blancas -más cerca- en la mentira de la segunda frontera de la maldá, sólo para entregársele a él?

viernes, febrero 4

Un medio género llamado BLOG

DEL BLOG Por Rafael Lemus
Bondad del blog: publicita nuestras fantasías más delirantes. Éste asegura escribir mejor que aquél; aquél se jura artista. Uno presume una vida sexual ficticia; otro se inventa un cerebro al instante. Mundo de fantasía: somos lo que decimos ser. Ése es el problema de publicar nuestros exabruptos privados.No deja de ser insolente que algunos utilicemos el blog para excretar nuestras heces mientras otros cuidan de él como de sus jardines.Algunos no hablamos de libros, revistas y artículos por pedantería. Hablamos de ello porque ése es nuestro trabajo. Otros escriben con la misma naturalidad de, por ejemplo, escritorios o ladrillos.Mundo de niños malos. Todos critican a la inventada República de las Letras y se sienten terroristas. No resisten, sin embargo, la crítica de su propio submundo. Se defienden infantilmente: aseguran ir a la vanguardia y acusan a sus críticos de desconocer el futuro. El antiintelectualismo está de moda. Tacha de solemne al inteligente, de pretencioso al original, de insoportable al legible. Sólo tú y tus faltas de ortografía son plausibles. No hay nada malo en elogiar a nuestros amigos. El mal estriba en tener amigos indignos de todo elogio.

jueves, febrero 3

Tanti auguri, Pidoki, y mucha felicidá

Nadie se atrevió a cortarle la maranta el día de su cumpleaños, pero se lo habían recomendado detrás del set, por aquello de que portaban encima el brochure de la más reciente campaña de salubridá nacional. Ella, una damita superhéroe con las greñas pintadas de rosa, acabadita de salir de un cuadro Pepto Bismol pintado por Marimater O'Neill, igual que las paredes de su casa virtual, decidió no hacerles caso a los avisos y tirarse a la calle a buscar follón. Fueron tres los tequilazos que se le ofrecieron con sus respectivos pase usté: Guille, Mara y Manuel, cada uno brindó con jugo de uvas blancas, porque los mayores decían que el White Zinfandel, en versión alemana original, daba vómitos y acidez. A ella no le importaba, Pidoki pidió uno de esos también. De madrugada, hicieron zerrucho, le pagaron el g-stro de espandex al estriper y se entregaron todas las divas -una peluda, que conste, había una bestia peluda lo más aquél- a la maldá. La música de fondo era cortesía de Radio Universidad, un homenaje retro que de seguro la tipa se merecía desde el año pasado, porque una pinga alquilada no viene mal en tiempos de escasez. Aquellos tiempos eran de disolusión salina también, según el anuncio publicitario que repartió a final del semestre pasado en la universidad el Taller del Discurso Analítico, con sede en La Puntilla, Viejo San Juan; una cofradía postemplaria con ascendencia rosacruz que se dedicaba a subrayar en magic marker amarillo las obras ocultas de los estudiantes amaestrados por Lacan; unos panfletos mecanografiados y tachados con Liquid Paper que vendían a dos por peso en la librería La Tertulia. Cuando "El Buki" cantó lo suyo, aquél bugarrónico y profético "No hay nada más difícil que vivir sin ti", a través de la vellonera de onda corta de Yahaira, todas estábamos locas de contentas, borrachas de fraternidá, porque éramos reinas batuteras con botas de cuero blancas y Pidoki podía, ahora, esooooo, perra, garabatear el release que la autorizaba a casarse otra vez. Sin embargo, envidiosas que somos, tacas de Frívola en mano, exhibiendo camisitas en seda blanca de cuello chino que le robamos a la institutriz (M.C.P. Diane Keaton), ataviadas con los collares de Millie Gil, nos disputábamos el padrinazgo del segundo bebé. No importa, al final, descorchamos par de cajas de latas de Coca Cola partimos en rajas limón y gritamos Viva Cuba Libre. Mara se encargó de los sándwiches de mezcla de espárragos y creme cheese porque los pimientos morrones no la dejaban toser bien. Yo puse música country que saqué del I-pod, una compilación exquisita de bachatas de Fernandito Villalona que me había recomendado por internet una usuaria de Messenger que conocí ayer: Rita Indiana la llamaban los fans, "La Larga Esa", le decían a esta otra tipa que habían arrestado hace tres meses en el Nevado del Ruiz por estar predicando ernúa en aquella frialdá que la salvación llegaría en vasitos de foam repletos de Tres Pasitos con Kool Aid. En la novela Papi, donde queda constancia de todo esto para la posteridad de los tataranietos de todos nosotros, pero sin piñata en forma de unicornio corcel, había un sustituto del curare que nos tomamos a sabiendas; una de Cielito Rosado muy facsímil razonable. Allí, en aquel novelón clandestino transcrito en Nueva York, el polvillo que los unía a los panas hasta el último viaje hacia la eternidad era color chinita; era un pote de plástico grande con tapa verde-merienda lleno de cristalitos de Orange Tang. Después deso, cansados ya, retratamos para el álbum aquel amarnos al alba, aquel tirarnos un eructo colectivo, aquella cosa de vivir el momento Playero cogidos de las manos renegando de las superficialidades voceadas del ser y el a veces no querer estar.

Las llaves, Pac Man, ¿no oyes que están tocando ahí?

La mucosa le nublaba la sien, que le latía en desorden porque, según le había explicado el otorinolaringólogo, las válvulas que impulsaban pa fuera el gel blancuscoverdoso se le trancaron un día, rompieron el mecanismo que lo protegía del flu, se enchismaron con él y, para completar, se negaban a abrir. Nena, busca las llaves, traeme las Comtrex. ¿No oyes que están tocando ahí? Es una pena que le bajaran los mocos de repente, justo en el momento solemne en que le tomaban la declaración, porque entonces no pudo responder honestamente el interrogatorio del Inspector de Notarías, un tal Papi, dominicano residente y metrosexual, que había llegado a la oficina temprano para que rindiera cuentas por el desmadre. Nada de simulacros, tenía que ser él mismo frente al tribunal, y no había pelucas blancas. Nena, busca las llaves, traeme la Benadryl, ¿no oyes que están tocando ahí? Había aceptado el caso de Rita Indiana Hernández, una intervención pro bono per se para complacer a una madre soltera larguísima que huía de Papi y se hacía pasar de madrugada, cuando se atragantaba con drones de aceite de oliva y mangú, por el representante de ventas automovilísticas: el señor Clavell. Las llaves. Hay que buscarlas, nena, traeme el vaso de agua fría y la Benadryl. El inspector, con fronte de Papi, hay que recordar, se colocó en la butaca del medio, sacó el Código de Ética y comenzó a recitar de memoria los papeles del copyright: "Pa, pe pi, po, pu". Eso se deduce, murmuraba, después de pensarlo dos veces, Rey Emmanuel. Papi, yo te lo dije con tiempo, yo te avisé que me las trajeras a las diez en punto porque ya era evidente que la tipa clienta "tenía a la azafata amenazada contra la puerta del baño dándole piquetitos con un cuchillito de plástico azul celeste y luego se abría paso con un cortauñas hacia la cabina". Papá, ya era vox populi, en la cabina del capitán ya se sabía lo de las llaves y lo del clóset, y ya era trés tard para calentar la cera del sello, pegarle el membrete judicial y proceder a firmar. Ahora, nena, te jodiste, dijo Santa Morrónica Volonterry, la cortaguevos encapuchada, porque cuando regresen los monstruos de la infancia en caravana a reclamarnos lo suyo, y no tengamos la pistola control remoto en la mano para dispararles, Pac Man podría resucitar y la división crítica de sus dibujantes se va a encargar de que se trague una a una todas las Comtrex genéricas negriblancas que se hacen pasar por Benadryl. Acho Papi, men, reacciona: sin llaves, fuera del clóset y con estos mocos saliendo a propulsión a chorro; ¿qué carajos vamos a hacer?